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Conducir sin miedo

Cuando nos ponemos a hablar de un tema o problema en psicología siempre me gusta decir que hay tantas variantes como personas con el problema.

Hay personas que se sacan el carnet de conducir ilusionados con  sus recién inagurados 18 años y después no conducen con normalidad por miedo. Ya os adelanto que estos no suelen ser los casos que llegan a la consulta.

Los que si han llegado a mi consulta son los de personas que conducían con normalidad y de repente han experimentado un gran malestar a la hora de ponerse al volante.

Es lógico pensar que esto le ocurra a personas que han tenido un accidente de tráfico y que por ende han desarrollado el miedo. Esto tendría una explicación básica, el miedo se habría condicionado a la experiencia de conducción y estaríamos ante un caso clásico de estrés postraumático.

La intervención más compleja es cuando los síntomas de ansiedad, pánico, angustia, obsesión  y miedo se presentan mientras uno conduce sin existir una explicación u origen claro.

Una de las pacientes que atendí con este problema, era una conductora habitual que de hecho por circunstancias familiares había vivido en otras ciudades del mundo y conducido por ellas con el reto que eso supone, sin embargo, poco a poco empezó a advertir de sensaciones físicas desagradables que experimentaba cuando cogía el coche por Madrid: taquicardia, opresión  en el pecho, hiperventilación. Todo ello la llevaba a tener miedo a perder el control mientras conducía, a evitar vías de varios carriles, puentes, túneles y todos aquellos recorridos en los cuales no conocía una vía de escape.

Cuando abríamos el abanico y explorábamos otras situaciones de miedo, descubrimos que esto se trasladaba a otras situaciones cotidianas como ir a hacer la compra a hipermercados grandes, ir al cine o a cenar fuera de casa.

¿Os preguntaréis como le fue a esta persona? Con unos meses de terapia (ya sabéis que no hago magia) pudimos poco a poco ir desgranando sus miedos, las creencias que había desarrollado en torno al problema, todo lo que había dejado de hacer y todos los comportamientos de “seguridad” que estaba aplicando en su vida.

A día de hoy su problema ha remitido, conduce con normalidad, por supuesto con la prudencia o cierto respeto que uno le puede tener.

Te cuento esto porque quizás a ti o a alguien que conozcas le pueda servir.

El miedo a conducir o “amaxofobia” tiene tratamiento. Podríamos vivir sin conducir, ya sabéis que no se trata de eso, se trata de como el miedo puede vencerte la batalla.

Si crees que puedo ayudarte no dudes en contactarme.

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