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Culpa, perdón y reparación.

Los seres humanos no venimos al mundo con un manual de instrucciones. La mayoría tenemos que aprender en carne propia cómo los procesos psicológicos normales se convierten en trampas que terminamos por caer.

Es inevitable que el sentimiento de culpa se active en ciertas circunstancias. Creo que no hay duelo sin algo de culpa o de revisión de lo que podíamos haber hecho para que NO ocurriera lo sucedido, aunque a nivel objetivo no hubiese nada que hacer.

Ante esas circunstancias lo adecuado es que con todo el respeto, rechacemos las invitaciones de nuestra mente para hacernos daño a nosotros mismos: “Si hubiera hecho…”,”Si me hubiese dado cuenta antes”, “Debería…”

Si por el contrario, mordemos el anzuelo de la culpa con esos u otros mandatos, ocurrirá que cada vez que nos movamos ante el recuerdo nos haremos daño , y esto incluye exponernos a situaciones , lugares, objetos de vinculación…etc.

Por todo ello, para liberarnos del anzuelo deberíamos soltar de ambas partes y hacer un proceso de perdón a nosotros mismos por habernos excedido en la crítica.

La etiología de “perdonar” significa “donar lo que hubo antes”. El perdón es, en realidad, un regalo que te haces a ti mismo no a los sucesos ni a las personas que te causaron dolor en la vida.

Como terapeuta, guardo especial cariño a esos pacientes en procesos de duelo complicado en los que hubo gran sufrimiento y acompañamiento.

Cuando sea el momento empezamos.

Un abrazo,

Irene

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